Fernando Mendoza Nevares, director del Centro Terwilliger de Innovación en Vivienda (CTIV), advierte que la carencia de vivienda digna continúa provocando efectos devastadores en el desarrollo y bienestar de las familias de más escasos recursos, por lo cual considera indispensable que los actores involucrados en atender ese problema redoblen los esfuerzos que permitan incrementar la oferta de productos y servicios financieros enfocados a las necesidades de ese sector de la población.

Añade que el rezago habitacional se traduce en que miles de familias vivan en hacinamiento; habiten viviendas deterioradas, con materiales defectuosos, estructuras inestables o con deficiencias importantes como pisos de tierra, y carencias de servicios básicos como drenaje y agua.

Actualmente, la mayor parte de la población no tiene acceso a financiamiento que les permita adquirir una vivienda, lo que propicia que sólo un sector minoritario participe en ese mercado. La política del gobierno trata de apoyar con subsidios y transferencias la asequibilidad a la vivienda; sin embargo, gran parte de la población mexicana no tiene satisfecha esa necesidad.

El directivo del CTIV, dependencia perteneciente a Hábitat para la Humanidad Internacional y que actualmente trabaja en un proyecto con el BIDLab del Banco Interamericano de Desarrollo, apunta que el tema de la vivienda en todo el mundo es uno de los principales problemas económicos y sociales de los países, sus regiones y ciudades. Y al mismo tiempo, la vivienda es uno de los principales activos que forman el patrimonio de las familias. Por lo general, se considera incluso como un ahorro e inversión para preservar sus recursos y garantía para tener acceso a otro tipo de financiamientos.

De acuerdo con cifras publicadas por el Instituto nacional de estadística y geografía (INEGI), en México existen entre 6 y 7.5 millones de lotes habitacionales y viviendas que se encuentran en la irregularidad, y muchas de ellas se ubican en grandes conjuntos habitacionales en las periferias de las ciudades, donde se calcula que hay alrededor de 4.5 millones de viviendas deshabitadas y en desuso.

Tan solo en el Estado de México, de acuerdo con datos del Sistema Nacional de Información e Indicadores de Vivienda (SNIIV), más de 850 mil viviendas se encuentran en rezago habitacional.

En este rubro es importante mencionar que, en México, el 70% de las familias de bajos ingresos autoconstruyen y las cifras de crecimiento en materia de vivienda solo se refieren a la vivienda comercial.

Una de las principales problemáticas en el Estado de México es que las familias en rezago habitacional no cuentan con los recursos económicos suficientes para asegurar las condiciones mínimas para una vivienda digna.

Las instituciones de crédito formales no cuentan con productos crediticios especializados de vivienda para ese sector de la población, que en su mayoría, pertenece al sector informal, por lo que hay muy pocas oportunidades de poder tener acceso a los recursos financieros para construir o mejorar su vivienda.

Aunado a ello, tampoco cuentan con asesoría técnica constructiva adecuada que los ayuden a planificar la autoconstrucción de su vivienda. Por tanto, en muchas ocasiones utilizan materiales de mala calidad y/o incurren en desperdicio de estos por falta de conocimientos.

Otro factor que afecta directamente el rezago habitacional es la falta de capacitación de la mano de obra local, lo que hace que el problema de rezago habitacional en el país sea un reto para todos los involucrados.