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OPINIÓN

“…Nomás mídele bien tus palabras.”

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«¡Respice post te! Hominem te esse memento!», que es algo así como “Mira tras de ti y recuerda que eres un hombre y eres mortal”. Es una frase que, según el teólogo y filósofo Tertuliano, se usaba cuando algún general romano desfilaba extremadamente victorioso por las calles de Roma; tras él un siervo le recordaba las limitaciones de la naturaleza humana.

El objetivo era impedir que cometiese soberbia y pretendiera, a la manera de un dios omnipotente, exhibir su poder ignorando las limitaciones impuestas por la ley y la costumbre.

Durante la coronación de los reyes de Aragón, quien le imponía los poderes en nombre del pueblo, advertía al nuevo rey: ““Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, no”. A continuación el elegido prestaba juramento ante la Justicia de Aragón frente al Altar Mayor de la catedral de Zaragoza, se inclinaba en señal de obediencia y comenzaba su reinado.”

No está por demás recordar estos ejemplos de humildad y de obediencia; de responsabilidad y de discreción en el uso del poder conferido por el pueblo. Y es al pueblo al que el mandatario debe obediencia y cuidado.

Esto viene al caso por la escena extremadamente grotesca en la que el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro se vio involucrado apenas el viernes 26 de agosto, durante una visita al Centro Universitario de los Valles (CUValles), en Ameca.

Ese día al conocerse de la asistencia del Ejecutivo estatal, la rectora de la institución, doctora María Luisa García Bátiz y el secretario administrativo del centro, Luis León, se aproximaron para intentar dialogar de forma respetuosa con el mandatario. Su intención era explicarle el rezago que lleva la construcción de infraestructura educativa en CUValles, lo cual –afirman- ha retrasado el crecimiento de la matrícula para 1,500 estudiantes.

De forma inexplicable el funcionario se exaltó y acusó una falta de respeto esta aproximación de las autoridades de una universidad autónoma. Al intentar hacerle ver que la situación de la institución universitaria no era tal y como se ha planteado, él respondió de forma inesperada y ruda.

“¿A qué vengo?” espetó el gobernador a León. El funcionario le respondió que no sabía y le pidió respetar a la rectora, a quien evadía de forma grosera mientras intentaba explicarle lo que ocurría.

Molesto, Alfaro les dijo que iba en “plan tranquilo” a grabar un video para darles información, “para que cuides lo que haces”, le advirtió al funcionario universitario.

Mientras el mandatario grababa su mensaje a las puertas del CUValles, León le gritó que era mentira lo que decía, por lo que al terminar, el mandatario lo volvió a encarar: “Estás faltándole el respeto a los diputados, al presidente municipal y al gobernador; nomás mídele bien tus palabras”.

“Nomás mídele bien tus palabras”… Es una frase que pasará a la historia del discurso de poder en la entidad. Un discurso inesperado e inútil. Una frase que tiene que ver con el sentido del poder supremo frente a seres menores que –según ese criterio- le deben obediencia y silencio.

Por supuesto la Universidad emitió un comunicado el mismo día en el que advertía «… Por parte de las y los universitarios, la voluntad y disposición de diálogo es manifiesta, como quedó claro el día de ayer. Esperemos recapacite y esté a la altura de las exigencias derivadas de su investidura».

Naturalmente se espera una explicación y una disculpa del mandatario estatal. Un hombre-humano, en quien recae el mandato del pueblo para que lo cuide y lo privilegie, como es en general el poder que los mexicanos depositan a cualquier mandatario de todo nivel de gobierno o partido político.

Pero junto a este debate en el que habrá que reflexionar sobre los límites del poder político y la relación de éste con los ciudadanos y con el pueblo en general en un municipio, entidad o todo el país, junto a ello está también la obsesión del gobierno-gobiernos, por enfrentar a las universidades del país –en nuestro caso mexicano-.

Por supuesto lo ocurrido en Ameca el jueves 26 de agosto es una muestra más del desprecio con el que algunos mandatarios ven a las universidades del país.

Estos centros son generadores de ideas, de pluralidad, de universalidad, de conocimiento de inteligencia y de creación y fortalecimiento individual, colectivo y nacional. Son el almácigo del futuro del país y son el espacio de libertad y de conciencia. Nunca en la vida como en la universidad se dialoga, se debate y se entra en razones sustentadas y justas…

Pero nada. Hay otros ejemplos de incomprensión a este espectro universitario y su autonomía. Es el caso, por ejemplo: En octubre de 2021 desde Palacio Nacional se acusó UNAM de haberse «derechizado» y no haber estado «a la altura de las circunstancias» durante lo que él presidente denomina «periodo neoliberal». “Le hace falta una sacudida”, concluyó.

En 2019 dijo que el Instituto Tecnológico Autónomo de Monterrey (ITAM) ha formado funcionarios de corte neoliberal para el sector hacendario y financiero. Una “escuela de tecnócratas neo porfiristas que han dañado la economía de la gente y a la nación”, había escrito en Twitter.

Opinión similar ocurre con el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) “Entiendo que exista una escuela como el ITAM, está bien, impulsada por el sector privado para impulsar sus cuadros, pero que el Estado también esté financiando a una institución con esos mismos propósitos como es el CIDE o que el Conacyt esté al servicio de las empresas, que su presupuesto se destine a financiar investigación de las empresas y no hacer investigaciones de la gente”, lamentó.

El poder mal entendido lleva a excesos e incomprensiones. El poder tiene los límites que las mismas leyes establecen y a las que juró obedecer. Las universidades son el alma inteligente de toda nación, sus resultados están en el sentir de justicia, de igualdad, de armonía pero también de sabiduría para enaltecer y progresar, para fortalecer y cimentar el futuro. Nunca guardan silencio. Vibran. Se engrandecen día a día y gestan lo que será el país mañana. A pesar de todo.

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